
Solo lo quise colgar porque es un cague de risa... ¿o no?
Es extraño: todos le echan la culpa a agosto de ser el mes más frío del año. Sin embargo, el frío de agosto no me parece ni el peor ni más oscuro me parece su cielo, aunque haya días en los que el gris más está sobre los rostros de los limeños que sobre sus cabezas (de ninguna manera estoy hablando de caspa aquí). Tan solo creo que el firmamento quiere estar triste porque le da la gana. Por eso hay gente que como no tiene otra cosa mejor que hacer, se dedica a romper las carlos bolognas de los demás con impertinentes tocadas de puerta… damn it, por qué a mí me pasan esas cosas. Ni siquiera pude encontrar paz en mis sueños, quizás soñarme en algún lugar paradisíaco, pero no, si me sueño en el Caribe, me sueño en Guantánamo, en la República Dominicana de Trujillo o en la isla de Gilligan: me he soñado abandonado (en Lima), asaltado (en el Callao) y acosado (en mis irreductibles ocho metros cuadrados), acribillado a preguntas, perseguido por el Gran Hermano, con los talones pisados por un Dupin infernal, por un Rin Tin Tin disfrazado de Cancerbero… se nota que no he dormido bien en estos días.
Y de esto no tiene el mes agosto la más mínima culpa. Es el mes de mi cumpleaños, el mes en el que me siento hasta ser una roca (la lluvia no me toca, tampoco ese choro que me paletea para saber si tengo billetera) sobre mi cama y evalúo todas las cosas que en mi vida han pasado durante los últimos doce meses, siempre bien provisto de hepabiontas y papel higiénico. Y es la primera vez que hago un balance lejos de casa, lejos de los extraños sonidos de San Juan de Lurigancho (de sus cohetes que parecen balas y balas que parecen cohetes). Olvidaré que tengo los pies helados. No me estoy haciendo viejo… NO. Por más que mi mejor amiga esté a punto de dar a luz… NO. No sentiré frío por eso… n… no… Por favor, pásenme el Icy Hot.
Olvidaré también que ayer, mientras escribía feliz y contento, una cara batracia de alguien innombrable me quiso hacer el avión me cortó toda inspiración, concentración y ganas de cantar en la ducha. No soporté aquella afrenta de esa cara de sapo y me salí de la casa de Pando. Me fui directo a pasar algo de frío sobre el techo de la casa de mis padres, para pensar en otras cosas y olvidar aquel molestísimo rostro anfibio que además me hizo perder la función del documental de Scosese (un grande) sobre los Rolling Stones. Un tic me asaltó, y el cuello se me fue convirtiendo en un pedazo de pellejo de chancho reseco. Pero de eso tampoco tiene la culpa el mes de agosto.
Y en el sueño de esta noche, este primo de Kermit the Frog entró, me miró fijamente y empezó a preguntar me sobre cosas que jamás revelé a rana alguna, ni siquiera a Reptilio, otro que en sueños me ha visitado, con el que me tomé un Johnny. Maldición, esta basura sabe demasiado de mí, me espía, reduce mi privacidad… todas las paranoias a mí. TODAS.
Pero de esto tampoco tiene la culpa el mes de agosto, aunque aún tenga congelados los pies