Decidí ir al cine, fui a pie. Desde mi casa hasta la plaza San Miguel no es más de medio kilómetro el que se tiene que caminar, sin embargo, hacerlo en camisa, pantalón y calzado veraniegos pasados de moda (y utilizados solo cuando me agarra la flojera de cambiarme) en medio de una llovizna (de San Miguel) a las diez de la noche no es una idea muy recomendable.
Como era de esperarse, a la mitad del camino ya tenía las medias hechas trapo y el pantalón mojado hasta media pantorrilla. Caminando por la acera de la Católica, algo acurrucado sobre mi pecho, aguantando el frío, como un pollito, casi muriendo como el coronel Buendía, pero sin castaño y sin circo. Bueno sí, había circo: algunos cachimbos ebrios hicieron su juramento para conquistar el mundo a la mitad de la Universitaria.
La misión: llegar al cine a ver 3:10 to Yuma, “Misión peligrosa”, para los aguafiestas. Mi misión era “10:15 to Cineplanet”. Llegué a la puerta estornudando. Buenas noches, Sonrisitas, dame la maldita entrada: tengo ticket verde e hice la fuckin’ reserva desde mi jato, así que déjate de formulismos y dame el maldito boleto.
–Bienvenido, señor Christian, ¿está usted mal?
–Dale, Sonrisitas, no tengo tiempo para la charla, la película está a punto de empezar.
–No se preocupe, señor Christian: la película empieza dentro de seis minutos. No hay prisa.
–Que sí la hay, pedazo de…
–¿Perdón?
–Digo… Sonrisitas… que me ha pasado una station wagon por el costado y me ha mojado hasta el calzoncillo. Así que tengo que ir primero al baño. ¿No hay algún baño premium para clientes que tienen mojados hasta los pensamientos?
–Lo siento mucho, señor, su tarjeta no incluye ese tipo de beneficios. Si usted gusta, puede revisar la cartilla que, junto con su tarjeta, se le hizo…
Creo que Sonrisitas siguió hablando en su módulo, porque a mí me entró un helor de muerte por la parte más graciosa del cuerpo y tuve que ir como sea, casi reptando, hacia el baño, para secarme. Eran ya las 10:15. Según Sonrisitas, la película empezaría con retraso y eso me daba algunos minutos de ventaja. Pero el frío de las medias y de las zapatillas recubiertas de lodo no dejaba que me animara a ponerme de pie otra vez. Pero lo hice, haría de esta historia una historia heroica.
Llegué. Estornudé en la cara de la linda señorita que me atendió. ¿Por qué no me vinieron ganas de estornudar justo en la cara boba de Sonrisitas? Disculpe usted, señorita, acabo de constiparme… un station wagon pasó muy cerca de mí y mojó hasta los pensamientos. Además, Sonrisitas…
–Pase (cállese) y disfrute su película (y váyase a la mierda).
Este wéstern me pareció más interesante que el que había visto antes, con Pierce Brosnan y Liam Neeson (yo no pude dejar de ver una lucha entre un agente del servicio secreto británico y un jedi). Aquí había un Russell Crowe que mataba como quien eructaba después de comer, tan peligroso con las armas que con las palabras (casi se levanta a la esposa de Dan Evans, el personaje que interpretó mi tocayo Bale). Russell, o Ben Wade (ojo, no Ben 10), estaba secundado de una pandilla de desalmados, encabezada por el Ángel de X-Men III (o un drogo inadaptado de Alpha Dog), Charlie Watts, que para rata él se pintaba solo. La historia se desarrolla en algún punto del oeste estadounidense, en algún punto del último cuarto del siglo xix. Dan, ahogado en deudas, tiene que arriesgarse a acompañar al séquito que tiene que entregar al peligroso Ben Wade al tren que sale desde Contention a Yuma, directamente a la prisión y la horca (en ese orden), a las tres y diez de la tarde. Y lo hace porque está cansado de que pasen por encima de él, que lo vean como un pobre y triste veterano más (ojo, este conflicto de “veteranos” nunca deja de ser actual en este país), y por el sencillo que el buen señor Butterfield le iba a dar para la gaseosita. Sorprendentemente, Dan, Daniel (o Batman chusco, para los patas), encontrará ayuda y comprensión de la persona menos esperada. No la termino de contar, porque quiero que la vean, pero tampoco les digo que vayan al cine por que ya jué, ya juites… la sacaron el día de hoy, jojolete, así que si no la viste, pirata nomás, o espera a que salga el DVD firme, o si te la computas Rafo Meón, anda de aquí a un año a La Paz (Bolivia), porque allá en el altiplánico país las películas llegan con bastante retraso (o que salga alguien a tirar la primera piedra).
Aunque, ya se habrán dado cuenta, no soy un experto en cine, creo que esta película es más que rescatable de lo que va del año de nuestra cartelera. Como dije, aquí el malo, al parecer, acaba como no tan malo, y el monse, acaba siendo el héroe que su familia reclamaba. Chévere el wéstern, me ha atrapado el género. Revisaré las raíces (Ford, Wayne, Eastwood, algo me dice que estoy mezclando papitas Lays con cancha serrana) del género y quizás termine atrapando del todo el wéstern. Harta bala, claro, como el Oeste manda.
Salí del cine y volví a estornudar. Menos mal que Sonrisitas y la llovizna ya no estaban.
